BLOG – México, ¿País de xenófobos?

Históricamente, México ha sido en un país de tránsito y destino, por lo que no se debe olvidar que muchas ciudades en México fueron hechas a partir de la migración, y que suena bastante irónico que sean los mismos hijos de migrantes los que rechazan a los recién llegados. Y es que a estas alturas ¿Quién no ha sido en su vida migrante o hijo de un inmigrante?

Migrantes permanecen en un albergue de la ciudad de Tijuana (México) a la espera de pedir asilo en una larga lista de espera que podría durar hasta 3 meses para luego tener cita ante un juez de inmigración. El Instituto Nacional de Migración (INM), de México deportó a 98 integrantes de la caravana por protagonizar desórdenes en la frontera mientras otros deciden regresar. Foto EFE/Alejandro Zepeda
Antonio Martínez / Activista pro Derechos Humanos, México

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO.-  Si y no. La xenofobia es un cúmulo de actitudes y prejuicios, de conductas y omisiones que rechazan, excluyen, y a menudo denigran a las personas extranjeras o a las que por prejuicio o estereotipos se cree que lo son. Esto sin mencionar el terrible hecho de que se re-victimiza a los que ya se encuentran en desventaja. Y la pregunta del momento es: ¿Existe en México la xenofobia? Si existe, ¿En dónde?, ¿Somos partícipes de ella?

Y es que, México siendo receptor y emisor de grandes flujos migratorios, no es algo reciente. Históricamente, México ha sido en un país de tránsito y destino, por lo que no se debe olvidar que muchas ciudades en México fueron hechas a partir de la migración, y que suena bastante irónico que sean los mismos hijos de migrantes los que rechazan a los recién llegados. Y es que a estas alturas ¿Quién no ha sido en su vida migrante o hijo de un inmigrante?

Antonio Martínez, activista Pro Derechos Humanos

¿Personas xenófobas? Hay un cierto grado de verdad. Algunos connacionales, partiendo de la ignorancia, el miedo a ser diferente y con el empoderamiento ficticio que las redes sociales otorgan, se han permitido opinar y exponer su punto de vista disfrazado de un falso nacionalismo. Por el contrario, somos muchos los que entendemos la realidad de las cosas, que nada nos quitan y nada se llevan, somos personas intentando hacer una vida de las cenizas de su realidad y podemos ser nosotros quienes les extendamos una mano en su tiempo de necesidad.

Entonces, ¿Esto significa doblegarnos ante los invasores y permitir que hagan y deshagan con nuestra patria?  No se trata de solapar ningún acto vandálico, mismos que deben ser castigados con la misma fuerza que son castigados los actos vandálicos de los nacionales. El error en el que caemos es en el generalizar, porque ni todos son buenos, ni todos son los violadores, delincuentes o maleantes como muchas veces son llamados. Claro que podemos opinar y debatir, pero que el diálogo se haga a partir de la información, del estudio y el sentido común. Porque parece que muchos mexicanos más que ver a Masiosare en un extraño enemigo, simplemente lo han encontrado en cualquier extraño.

¿Urge en México una campaña de concientización sobre xenofobia? Si, una que nos permita tener abiertas aquellas fronteras ideológicas que nos hemos impuesto de manera colectiva en la mayoría de la población mexicana. Después de todo, tenemos que despertar a la realidad que no fueron los recientes flujos migratorios los que hizo que muchos de nuestros connacionales se tornaran en personas xenófobas, solamente evidenció la intolerancia de muchos, ya que como bien dijo el periodista Ryszard Kapuscinski “detrás de un prejuicio se esconden el miedo y la ignorancia”.

Desde luego, que nunca aceptaremos el hecho de ser personas xenófobas. Incluso algunos se mantienen firmes en que no se trata de racismo, sino que simplemente están consternados por lo que la llegada de estos flujos migratorios representa para la ciudad e incluso para el mismo país. Bajo argumentos sobre lo pernicioso que pudieran ser estas personas para nuestra seguridad nacional. Muchas personas buscan justificar de alguna forma el rechazo, disfrazándose de una falsa tolerancia, excusándose en que, si no fuera por las condiciones de México o por el gran número o calidad de inmigrantes, los acogeríamos de manera gustosa.

En México existe una doble moral: la que tiene los brazos abiertos para aquella migración calificada, esa migración con alto poder adquisitivo a la que se le da una posición privilegiada digna de su estatus social; y la que, por el contrario, limita la migración irregular, reduciéndola a simples “ilegales”. Sobre el término de ilegalidad a la situación irregular de los inmigrantes en territorio mexicano, preocupa profundamente que una institución como el Instituto Nacional de Migración, sea el que ha hecho varias publicaciones incorporando la palabra “ilegal” para referirse al estatus de las personas que han decidido cruzar la frontera mexicana en los últimos días.

¿Por qué debería de preocuparnos esta palabra? Porque es este término el que criminaliza al migrante, porque hace que el adjetivo calificativo de “ilegal” les preceda, y por lo mismo muchas veces pueden ser víctimas de la falta de protección a sus derechos humanos o a un debido proceso.

Finalmente me gustaría recordar, que más que simples fronteras y divisiones políticas, los países somos las personas que habitamos en ellos. Que por el simple hecho de tener una situación un poco mejor que otros, tenemos la responsabilidad de ayudar a aquellos en necesidad.

NOTA DEL EDITOR: Esta es una colaboración voluntaria de Antonio Martínez, estudiante de una Maestría en Derechos Humanos en México y activista en defensa de los Derechos Humanos de los inmigrantes.