A pesar de todo el optimismo generado por el ascenso demócrata al control de la Cámara de Representantes, el nuevo año 2019 comienza con las viejas malas costumbres y la demagogia del presidente Donald Trump, quien provocó el cierre del gobierno federal por una crisis fronteriza fabricada por él mismo para complacer su ego y justificar el despilfarro de casi 6 mil millones de dólares en el muro (verja, barda, reja, barrera o portón) que le prometió a su prejuiciosa y cegada base.

La miseria que marcó la corta vida de la niña guatemalteca Jakelín Caal Maquín solo le importó a sus padres, sobre todo al papá que emprendió con su hija la triste ruta al Norte que casi siempre termina en tragedia. La muerte de Jakelín tras estar en custodia de la Patrulla Fronteriza le ha dado la vuelta al mundo, y aunque muchos lamentan el deceso es bueno preguntarse qué pasará más allá de las lamentaciones.

El desdén con el que el actual gobierno de Estados Unidos ha tratado a México y a los inmigrantes mexicanos, sin que del otro lado hubiese habido una respuesta a la altura de las circunstancias durante el anterior régimen —en todo caso sumisión confundida con “diplomacia”— marcó una nueva etapa en la de por sí difícil e histórica relación bilateral.

El largo camino de la caravana de migrantes hondureños ha dejado al descubierto diversas realidades a su paso. Como una especie de imán visual en movimiento, con un punto de partida y otro de llegada, ha atraído en relativamente poco tiempo todo aquello contra lo que anteriores generaciones lucharon durante tantos años, costando vidas en no pocos casos: racismo, xenofobia y discriminación, con la consecuente violencia verbal y física hacia el “otro”.

Identificados ya como un grupo social que ha sido rechazado y atacado directa, consistente y contundentemente desde el poder, los inmigrantes, sobre todo los latinos, hemos tenido que madurar a pasos agigantados en todos los frentes en apenas un par de años, a fin de sobrevivir cada embate emanado del prejuicio, de la discriminación y lamentablemente del racismo que ya permea cada rincón de Estados Unidos.

Nadie como Donald Trump para superar sus propias barrabasadas. Mientras el huracán “Florence” se aproxima a la costa Este de Estados Unidos, él declaró que la respuesta federal a la debacle del huracán “María” en Puerto Rico hace un año, fue “un increíble éxito no reconocido”. Esto, a pesar de que casi 3,000 personas murieron a consecuencia del fenómeno y sus secuelas, y otros análisis concluyen que pueden ser hasta 4,000 las muertes.

Nada detiene ya la bola de nieve que se ha formado en la anti-inmigrante Casa Blanca actual tras darse a conocer el escrito anónimo publicado por The New York Times (“Soy parte de la resistencia dentro del gobierno de Trump”). E irá creciendo al paso de los días y los hechos, de las malas decisiones y de los desplantes de cómica soberbia de quien por ahora tiene en sus manos el destino de este país.

La columnista y asesora de Americas’ Voice, Maribel Hastings, analiza la forma como los republicanos que siguen las decisiones del presidente Trump, asistieron al funeral del senador John McCain, para ‘rendirle honores’ los cuales califica de fariseos porque apoyan irrestrictamente a quien representa la antítesis de lo que pensaba y practicaba el fallecido senador por Arizona.