Inmigración

Migrante guatemalteca asesinada en EE.UU. es velada entre rabia y dolor

Un niño asiste al velorio de la inmigrante guatemalteca Claudia Gómez González en la casa de sus padres en San Juan Ostuncalco, Guatemala, el viernes 1 de junio de 2018. La joven de 19 años fue asesinada a balazos por un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos el 23 de mayo en Texas. Foto AP / Moisés Castillo

SAN JUAN OSTUNCALCO, GUATEMALA.- Entre rabia, dolor y lamentos, los restos de la inmigrante guatemalteca Claudia Gómez González, asesinada en EE.UU., son velados en el hogar que le vio nacer hace 20 años. Sus sueños fueron truncados por una bala disparada por una agente de la patrulla fronteriza el pasado 23 de mayo.

Los pobladores de su aldea natal La Unión Los Mendoza, 220 kilómetros al noroeste de la Ciudad de Guatemala, tienen la palabra “justicia” entre el pecho y la garganta, con una mezcla de rabia al recibir los restos de Claudia, quien falleció por un “incidente” (como lo calificó la Cancillería guatemalteca) con la patrulla fronteriza de Estados Unidos.

“Yo quiero que el que hizo esto que pagué y sienta el dolor que yo estoy sintiendo”, dijo Gilberto Gómez, padre de Claudia, frente a su casa, con una mezcla de enojo y tristeza, pero también reconoce la ayuda y solidaridad de la comunidad inmigrante en Guatemala y Latinoamérica.

El ataúd con los restos de Claudia fue colocado en la sala de la vivienda de su familia, frente a una toalla con la imagen de la estatua de la Libertad con un fondo de barras rojas y azules, a un costado un póster con una águila real, también con estrellas, y barras de los colores de Estados Unidos, y en la pared de atrás una manta con varias fotos de la joven.

Amigos y familiares esperan en la entrada para visitar el féretro de Claudia Patricia Gómez González una joven migrante quien murió en la frontera de Estados Unidos, fue repatriada a Guatemala y es velada en la casa de su familia en una aldea ubicada en el depratamento de Quetzaltenango, a 220 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, hoy viernes 1 de junio de 2018. Foto EFE/Esteban Biba

Los dolientes llevaban coronas de flores y dinero para ayudar a la familia, afuera los vecinos organizaron la preparación de alimento y bebida para cientos de personas que esperan para el velatorio, que durará día y medio.

El entierro de Claudia será mañana por la tarde en una aldea vecina, ya que en San Juan Ostuncalco, de cientos de inmigrantes ausentes, no tienen cementerio.

En la aldea decenas de niños corren por las calles de tierra y frente a las siembras de maíz, si se les pregunta sobre sus padres, alguno de ellos o los dos están en Estados Unidos trabajando, y el cuidado de los más pequeños pasa a responsabilidad de los ancianos, los abuelos.

Casi no hay mujeres y hombres jóvenes de entre los 20 y 30 años, al parecer la mayoría se ha ido a Ciudad de Guatemala o están ya en el país del norte en busca de cumplir el “sueño americano”.

Para los pobladores, Claudia representaba la esperanza que tiene cada familia del lugar en mejorar la situación económica trabajando por dólares. Al ver el ataúd de Claudia les recuerda que este sueño puede ser silenciado por una bala.

El consulado de Guatemala en Ciudad del Río, Texas, fue el que el pasado 24 de mayo dio cuenta de la muerte de la mujer y de la detención de tres “jovencitos” guatemaltecos, Carlos Pérez Vicente y Eder Cabrera Sánchez -ambos de San Juan Ostuncalco- y Damián Méndez, de Concepción Chiquirichapa, y que la investigación estaba a cargo del FBI por “la gravedad del caso”.

Dominga Vicente, tía de Claudia, dijo anteriormente que la joven se había ido a Estados Unidos hace casi un mes por “necesidad de su vida propia y de su familia” y recordó que deja atrás a sus padres, una familia agricultora, y dos hermanos, de 5 y 8 años.

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